La carne porcina argentina atraviesa una transformación histórica, habiendo incrementado su consumo per cápita de 5 kg a casi 20 kg anuales en las últimas dos décadas. Este crecimiento, cercano al 300 %, responde a inversiones en tecnología, genética y diversificación de cortes frescos en un país que se ubica segundo a nivel mundial en consumo de proteína animal. Para respaldar esta evolución con evidencia científica, la Federación Porcina Argentina encomendó al INTI Carnes una caracterización nutricional exhaustiva sobre cinco cortes representativos.
Los resultados demostraron que los cortes magros —cuadrada, paleta, nalga y bola de lomo— aportan más de 19 gr de proteína por cada 100 gr de carne y contienen menos de 3,5 gr de grasa total. Todos los cortes analizados ofrecen proteínas de alto valor biológico, compuestas por los aminoácidos esenciales requeridos para la construcción y reparación del tejido corporal, mientras que opciones como la bondiola destacan por su jugosidad y sabor característico.
En materia de salud cardiovascular, el informe desmiente mitos arraigados sobre la calidad de sus grasas. En todos los cortes evaluados predominan los ácidos grasos insaturados por sobre los saturados, destacándose el ácido oleico (mismo componente principal del aceite de oliva) y el ácido linoleico (omega-6). Esto se traduce en índices aterogénicos bajos (0,29 a 0,37) y niveles de colesterol moderados (59 a 78 mg/100 gr), confirmando que su consumo es plenamente compatible con una dieta cardiosaludable.
Por último, el estudio confirmó la alta densidad de minerales esenciales presentes en estos cortes, tales como hierro hémico de elevada biodisponibilidad, potasio, magnesio, zinc y selenio. Sumado a un óptimo comportamiento culinario en términos de pH, color y terneza, la carne de cerdo argentina se posiciona como una opción accesible, versátil y nutricionalmente completa para cualquier etapa de la vida.
